¡Gracias Familia San José!

Queridas familias,

Durante todos estos meses os hemos acompañado en la tarea de educar a vuestros hijos, nunca nos hubiéramos imaginado la situación que hemos vivido este último trimestre, ahora que termina el curso quisiera animaros a seguir adelante, juntos como lo hemos hecho hasta ahora. Es cierto que han sido momentos en algunas ocasiones duros, pero hemos aprendido muchas cosas nuevas que nos han ayudado  a afrontarlo con éxito y nos servirán para nuestra vida.

Hemos superado una gran dificultad, el Colegio ha tratado de adaptarse a las demandas sociales para dar una respuesta responsable en estos momentos de crisis, posibilitando la continuidad de la actividad educativa a lo largo de estos más de tres meses que llevamos confinados y en los que el alumnado, las familias y el profesorado han sabido dar lo mejor de sí mismos para dar valor a la labor educativa.

Si algo debemos tener en cuenta es que nos tenemos unos a otros y que todos unidos formamos una familia en la cual apoyarnos.

Después del trabajo duro, realizado durante todo el curso, ahora toca descansar, disfrutar del verano, de las vacaciones y de la familia, coger fuerzas para volver con más energía e ilusión el curso que viene.

Quiero felicitar en especial a todos los alumnos/as por el comportamiento ejemplar que han tenido, todos habéis sido muy valientes, ahora lo que nos queda es seguir, seguir avanzando.

A las familias, por acompañar y ayudar en la tarea diaria, vuestro esfuerzo y compromiso.

Y a vosotros compañeros, agradeceros todo el trabajo, el esfuerzo y la imaginación para que este barco siga adelante y no se pare nuestra tarea educativa.

Este curso será recordado durante mucho tiempo y, sobre todo, nos acordaremos de la capacidad de superación de cada persona que integra esta familia, fortaleciendo los cimientos de nuestra Comunidad Educativa para permitir que nuestro colegio siga siendo, de manera virtual  o presencial, nuestro segundo HOGAR.

¡Disfrutad estos meses de verano y nos vemos muy pronto!

Un fuerte abrazo.

 

Verónica De Anta.

ORACIÓN FIN DE CURSO

“ÉL LLAMÓ A SUS EMPLEADOS, Y LES PUSÓ A CARGO DE SU PROPIEDAD, DÁNDOLES A CADA UNO, SEGÚN SU CAPACIDAD”.

 Señor, Tú nos dijiste: “La mies es mucha y los obreros pocos”. Nos invitaste a trabajar en tu campo, sin exigir cualificación. En tu campo cabemos todos. A principio de curso aceptamos esta invitación y ahora te presentamos la cosecha.

Nos entregaste unos talentos: “Trabajad con ellos y al final dadme cuenta”. Hoy te los presentamos. Con mayor o menor empeño, de aquellos talentos, Señor, unos rindieron el 30, otros el 20 o el 10, pero nadie los enterró por miedo.

Nos pediste: “Sed luz en la tierra”. Como aquella lamparita que al ponerse el sol y no saber quién sustituiría su luz dijo:”se hará lo mejor que se pueda”. Hemos intentado alumbrar, para que la oscuridad no bloqueara nuestro camino. A veces, aún sin luz, es necesario avanzar, incluso sin conocer el camino. La oración de cada mañana, y todas nuestras celebraciones, han sido la herramienta.

Nos enseñaste que tu preferencia eran los más débiles, los más indefensos: los niños, los que sufren a causa de las catástrofes, la falta de oportunidades de estudio, la dejadez de sus familias o la falta diaria de alimento. Para ellos hemos trabajado en nuestras aulas, en nuestras campañas, en nuestra sensibilización. Hemos trabajado para que tu enseñanza no quedara estéril.

Nos dijiste: “No he venido a ser servido, si no a servir”. El trabajo servicial y animoso de mucha gente en este curso ha permitido que nuestras fiestas, encuentros, convivencias, la administración del centro, la comida, la atención telefónica, el mantenimiento de las instalaciones, la limpieza del centro… hayan funcionado como una máquina bien engrasada un año más. Todo esto es también testigo y ejemplo de servicio.

Nos prometiste: “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”. Confiamos en tu Palabra, y vamos viendo como cada día se hace realidad. En tantos gestos, miradas, silencios, denuncia de injusticias, palabras de ánimo, acompañamientos, risas… Has estado con nosotros, aunque a veces no te reconozcamos.

Nos legaste un mandamiento: “Amaos, no de cualquier manera, si no como yo os he amado”. Intentarlo, lo hemos intentado. Aunque a veces el trabajo nos desborde, los alumnos nos agoten o nos echen pulsos. Tú Señor, sabes que aún así los hemos amado.

Hoy también nos dices: “A quién mucho ama, mucho se le perdona”. Nuestro deseo, nuestra inquietud, nuestro anhelo es: trabajar, alumbrar, cumplir, servir, amar. Y en todo ello no tomarnos vacaciones.

Gracias, Señor, porque Tú, como Maestro por excelencia, nos enseñaste la práctica. Nos acompañaste y ayudaste a lo largo del curso que ahora termina. Gracias, porque a pesar de nuestras debilidades, infidelidades, comodidades, miedos e ingratitudes, Tú, nuestro buen Dios, seguirás estando siempre a nuestro lado, acompañando nuestra historia. Contamos contigo y sabemos que Tú también cuentas con nosotros para la construcción de tu Reino. Gracias por el descanso que ahora vamos a disfrutar. GRACIAS BUEN MAESTRO.

¡FELICES VACACIONES!

CORPUS CHRISTI

Una vez terminada la Pascua, hay tres fiestas que nos tratan de explicar con signos claros, cómo es Dios, y cómo desea que seamos nosotros como cristianos: Santísima Trinidad, Corpus Christi, y el Sagrado Corazón de Jesús.

Hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y es para nosotros tan importante que, en muchos pueblos y ciudades, los cristianos salen, en procesión, por calles, adornadas con flores celebrando esta fiesta…

El cuerpo y la sangre de Jesús. ¿Y qué celebramos? ¿Y qué tiene que ver con el pan y el agua?… pues que el alimento del pan y del agua se transforma en el cuerpo de un ser muy querido.

Este es el gran descubrimiento de la Eucaristía: el mismo Cristo, quiso quedarse para siempre con nosotros y por ello, en la última Cena nos regaló la EUCARISTÍA, su cuerpo y su sangre, se transforman en el pan y el vino que consagramos en Misa.

Cuando nosotros comemos este pan y este vino, nosotros reflejamos la imagen de Dios. ¿En qué se debe notar? pues en que nosotros debemos de ir pensando y actuando como Dios amando, perdonando, ayudando, compartiendo, de forma que cuando la gente vea todo el bien que hacemos diga “ese chico/a tiene a Dios dentro, se le nota”… esto es comulgar… y si a todos los cristianos se nos notara, porque comulgamos con Cristo, este mundo sería un mundo un poco mejor.