CUARTA SEMANA DE ADVIENTO

El cuarto Domingo de Adviento nos invita a abrir las puertas de nuestra casa, de nuestra vida, como María. Acojamos como ella la buena Noticia de que Dios viene a vivir con nosotros. Aprendamos de ella, digamos HÁGASE y pongámonos a servir.

El Corazón de María es un corazón que acoge, que está abierto a la Palabra, que se ilumina con la Luz verdadera. El Corazón de María nos enseña a acoger en nuestra vida a Aquel que viene a encender nuestras ilusiones, esperanzas, proyectos. El Corazón de María se hace uno con el de su Hijo. Es un Corazón con Luz, porque en ella habita la Luz.

Como María queremos aprender a acoger la Luz. Queremos que Jesús esté dentro de nosotros, para que Él bombee nuestro corazón y nos marque el ritmo de nuestra vida con sus opciones y con su Amor.

Con María hoy queremos cantar que se haga en nosotros según Tu voluntad.

Este evangelio, en verso, suena así:

Con gran gozo los cristianos

celebramos esta Fiesta

de “María Inmaculada”,

gloria, honor de nuestra Iglesia.

Nos encanta contemplar

su hermosura, su belleza:

“Sin pecado concebida”,

pura, libre y sin cadenas.

Ella no heredó la mancha

de nuestra naturaleza.

Por ser madre de Jesús,

fue “una flor limpia de tierra”.

Eva dijo a Dios que “No”

con orgullosa soberbia.

María, llena de gracia,

dijo “Sí” y le abrió la puerta.

En su vientre floreció

su “fruto de vida eterna”.

ninguna hortelana tuvo

fruto más dulce en su huerta.

¡Felicidades, María!,

Novia de Dios, primavera

de amor, de paz y de vida,

cariñosa “Madre nuestra”

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)