CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”

“A veces se han transmitido la imagen de un Dios justiciero, vigilante y presto al castigo. Esta imagen de Dios infunde más miedo y temor que amor y confianza. A lo largo de la historia Dios ha hecho todo lo posible por manifestar que es un Dios de amor. En el colmo de esos esfuerzos envió a su propio Hijo, para demostrar su amor a los hombres. “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo, no para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por él” (Jn.3,16).  Amor con amor se paga. Aceptar esa imagen de Dios, es abrirse a la luz” (Felicísimo Martínez).

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: 2Cro. 36,14-16.19-23      2ª Lectura: Ef. 2,4-10

EVANGELIO

Santo evangelio según san Juan (3,14-21):

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Este evangelio, en verso, suena así:

Amó tanto Dios al mundo”

que nos enseñó sus cartas,

mandándonos desde el cielo,

al Hijo de sus entrañas.

Jesús, muriendo en la cruz,

nos salvó “por pura gracia”.

Sólo nos pide la fe

y el amor de una “mirada”.

Si creemos en Jesús,

nuestra vida está salvada.

El mundo marcha en tinieblas,

“porque sus obras son malas”

La sociedad nos ofrece

manzanas envenenadas:

Dejad el cielo a las aves;

la vida hay que “disfrutarla”

Nos habla de “libertad”

y ella vive siempre “esclava”.

No sabe lo que es “amor”

y lo disfraza con máscaras.

Los amigos de Jesús

escuchamos su “Palabra”.

Es camino, luz, verdad,

pan de vida, vino y agua.

Que se nos sequen las manos,

el corazón, la garganta,

si no ponemos, Señor,

en Jesús nuestra esperanza

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)