QUINTO DOMINGO DE PASCUA

Hay una estrecha vinculación entre la primavera y la Pascua. La primavera es como el “estallido de  la vida”.  Una vida que se derrama en miles  de  árboles  y arbustos; en millones de capullos y flores. El que despertó esta vida no era un espíritu tacaño sino derrochador. Y de ese derroche, de esa sin medida, de ese despilfarro brota la belleza de la nueva vida. La Resurrección de Cristo es el estallido de la Vida. Una vida que estaba concentrada, aprisionada en el cuerpo de Cristo según la carne y que, en la Resurrección estalla y lo invade todo.  Cristo es “el que vive”. Alejarse de Él es alejarse de la vida, como el sarmiento que se separa de la vid.

 TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Hech. 9,26-31.        2ª Lectura: 1ª Jn. 3,18-24

 

 EVANGELIO

Juan 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la   verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.  Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí,  y  yo  en vosotros.  Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no   podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.  Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

 

 ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Nos dices, Señor, a todos:

“Yo soy la vid verdadera

y vosotros los sarmientos”,

en comunión con mi cepa.

Arrancados de tu vid,

nuestro corazón se seca.

Somos sarmientos inútiles,

destinados a la hoguera.

Permanecer en tu amor

es, Señor, nuestra tarea.

Tu savia es como la sangre

que corre por nuestras venas

Sólo viviendo contigo

en perfecta coherencia

podremos, Señor, llenar

de uvas dulces nuestra cesta.

Queremos, Señor, que el Padre

corte con su podadera

tanto follaje que crece

en la viña de su Iglesia.

Como Tú, Señor, haremos

de nuestra vida una ofrenda.

Tras la cruz, resucitada

florece la primavera.

Permanece con nosotros

Tú eres, Señor, nuestra fuerza.

Nada podemos sin Ti

y todo con tu presencia.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedi)

 

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud, en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad.

Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén